El caso que voy a comentar a continuación es el de una paciente que vi en mi último consultorio.
Antes de que la paciente entrara, la doctórame comentó que era una paciente muy extrovertida, diferente a las que habíamos visto hasta el momento, y que usualmente hablaba demasiado. Por motivo que desconozco, cuando me hizo este comentario yo pensé que se trataba de una señora mayor, por lo que me sorprendí cuando entró al consultorio una chica de 31 años. Es ex tabaquista de tres meses, por lo que uno de los principales motivos de consulta era un control por el cese del TBQ. Ella manifestó estar muy ansiosa, con mucho deseo de fumar, e inclusive aclaró que prácticamente todas las noches soñaba que fumaba, y que por esto se levantaba con mucha culpa. Esta sensación la tenia preocupada porque sentía que no iba a ser capaz de sostenerse así si esta sensación y ganas de fumar no se le iban, y su miedo era permanecer siempre con necesidad imperante de fumar.
A la paciente se la notaba muy angustiada, y a lo largo de su narración (la doctora no se equivocó, realmente hablaba mucho), salió a luz una segunda preocupación: dijo sentirse muy cansada, con el estomago revuelto y muchas nauseas. Al mismo tiempo aclaró que hacía dos semanas había dejado de tomar sus ACO, e inmediatamente manifestó sus preocupaciones: si bien quería tener un hijo, y era lo que estaba buscando con su pareja, tenía mucho miedo de que el mismo le quitara independencia, y de ser una mala madre. Este era uno de los principales motivos de su angustia.
Lo que hizo que eligiera este caso fue lo siguiente: ante esta situación de posible (o futuro) embarazo la paciente le pidió algún ginecólogo-obstetra de referencia con quien pudiese iniciar las consultas cuando fuese necesario, pero aclaró dos requisitos: 1. Que en el momento del parto, si no resistía el dolor le dieran una epidural. 2. Realizar una punción de las vellosidades para conocer la presencia o no de alguna enfermedad genética, y aclaró que en caso de que su hijo este enfermo, ella abortaría, y que no había nada que la hiciera cambiar de opinión.
En realidad este caso no me presentó ninguna duda en el momento, pero si mucho para pensar. Tanto a mi como ala médica (que me lo comentó después de que se retiro la paciente) nos resultó un poco chocante su decisión y su manera de expresarlo.
¿Cómo médicos, qué deberíamos hacer ante un caso así? ¿Es importante aconsejarla de antemano o esperar los resultados? ¿Sabrá la paciente las diversas enfermedades que puede presentar su hijo y que no van a ser detectadas en un estudio genético? ¿Debemos informarle?
domingo, 21 de febrero de 2010
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